HOSPITAL DE LA SANTA CRUZ Y DE SAN PABLO

ANY
1902-1930

ADREÇA
Sant Antoni Maria Claret 167, Barcelona

PROMOTOR
L’Hospital de la Santa Creu i Sant Pau

HOSPITAL DE LA SANTA CREU I DE SANT PAU

El Hospital de la Santa Cruz, situado en el edificio de la calle del Carme desde 1401 y dimensionado para una población de 40.000-50.000 habitantes, había sido casi el único hospital de la ciudad durante cinco siglos. A finales del XIX, Barcelona había llegado a los 500.000 habitantes, por lo que aquel edificio resultaba totalmente insuficiente y era aconsejable su traslado y ampliación. El Hospital de la Santa Cruz, que se mantenía principalmente gracias a la beneficencia pública, arrastraba dificultades económicas que hacían imposible plantear la solución a los problemas de colapso funcional. No obstante, en la década final del siglo XIX coinciden en el tiempo dos hechos que posibilitan la construcción de un nuevo hospital que respondiese a las necesidades de la población en aquel momento. Por un lado, la ciudad recibe el legado del banquero Pau Gil, condicionado a la construcción de un hospital moderno e innovador (médica y arquitectónicamente) que, una vez construido, se cedería al consistorio para que pudiese ocuparse de su mantenimiento. Por otro lado, la administración del Hospital de la Santa Cruz había adquirido ya unos terrenos en la zona del Guinardó (a 2 km al norte del hospital antiguo), en reserva para la construcción del nuevo hospital.

En el año 1900, los albaceas del legado de Pau Gil convocan un concurso para adjudicar el proyecto del nuevo hospital, cuyo jurado está compuesto por arquitectos y médicos. El veredicto emitido por la parte de los arquitectos dio como ganador a Domènech i Estapà, con una propuesta muy parecida a la del Hospital Clínico, redactada por el mismo arquitecto. Tras una serie de artículos cruzados publicados en prensa por Domènech i Estapà y un «aficionado» (posiblemente Domènech i Montaner) que ponían en duda la adecuación de la propuesta ganadora a los criterios higienistas del momento (se consideraba una propuesta anticuada), la parte del jurado formada por médicos declara el concurso desierto de forma inapelable. Se constituye una nueva junta, que encarga la redacción del proyecto a Domènech i Montaner.

La propuesta contempla la construcción de estos dos nuevos hospitales (Santa Cruz y San Pablo) reunidos bajo un plan general de administración y funcionamiento.

El acuerdo firmado por los albaceas del legado Gil y la Muy Ilustre Administración del Hospital de la Santa Cruz incluye la adquisición de terrenos limítrofes con los de la Santa Cruz (para tener la dimensión suficiente requerida) y la construcción de algunos de los edificios (los correspondientes a la parte de San Pablo). Estos debían ser los primeros para posibilitar el traslado inmediato de los enfermos desde la sede del Raval. El ayuntamiento podría entonces vender una parte de los edificios que ocupaban y afrontar la construcción de la parte correspondiente a la Santa Cruz.

Se elige un emplazamiento alejado de la ciudad histórica, en un espacio situado en los límites del Plan del Ensanche de 1860. El solar tiene una configuración rectangular, definida por cuatro calles limítrofes con un desnivel acusado de 35 m y una superficie equivalente a nueve manzanas del Ensanche (3 x 3).

La propuesta se dimensiona en 145.500 m2 para 1.000 enfermos (la ratio más elevada del momento de espacio disponible por enfermo).

Su concepción sigue los criterios higienistas de la época para asegurar la ventilación, el sol, la contemplación de la naturaleza y las plantas medicinales en los jardines.

Domènech i Montaner sintetiza las dos tipologías hospitalarias vigentes: la de ordenación en pabellones aislados (sobre rasante) y unas galerías subterráneas de comunicación que incorporaban las ventajas de la ordenación en edificio compacto. El arquitecto realiza un estudio de 234 hospitales de referencia, como el Johns Hopkins de Baltimore, el Am Urban de Berlín, el Lariboisière de París, el Hospital Civil de Bilbao, etc., y deja transcritas en la memoria del proyecto sus conclusiones:

Hacia 1870 empieza a introducirse el sistema completo de pabellones aislados o en ‘Block sistem’ en los hospitales permanentes. […] A partir de ese modelo, no existe casi ningún hospital moderno de importancia que no siga esa configuración.

El recinto se separa del entorno urbano mediante un muro perimetral opaco que lo rodea por completo. El acceso se realiza a través de la esquina sur, desde el pabellón de la Administración y su gran plaza que actúa como espacio de transición con la trama urbana.

El conjunto se dispone en un ángulo de 45º respecto a la trama del Ensanche. Se consigue la orientación perfecta de las fachadas longitudinales de los pabellones (norte-sur) con las mejores condiciones de aprovechamiento energético mediante sistemas pasivos (iluminación y ventilación naturales).

Dos avenidas principales de 50 m de ancho (norte-sur, este-oeste) estructuran el recinto en cuatro cuadrantes de dimensiones equivalentes: norte – infecciosos, sur – no infecciosos, este – hombres, oeste – mujeres.

Un total de 48 pabellones independientes, 21 de ellos dedicados a enfermería, que responden a varias tipologías (en cuanto a número de salas y de plantas) pero todos ellos con idénticas dimensiones en planta (52 m de longitud) y la misma orientación solar. Ocupan la parte central del recinto, a ambos lados de la gran avenida central.

En el perímetro se sitúan los pabellones destinados a servicios generales, con posibilidad de acceso independiente para el público. Con estos edificios singulares se resuelve la articulación con la trama del Ensanche, girada en 45º.

En el punto en el que se cruzan las dos avenidas principales se edifica el Pabellón Central, que albergaba el convento, la cocina y la farmacia.

El proyecto se redacta con clara voluntad unitaria, empleando un mismo repertorio de materiales, sistemas constructivos y elementos ornamentales. Los basamentos de todos los edificios se resuelven con paredes de carga de obra de fábrica de mampostería de piedra caliza, procedente de los montes cercanos, con mortero hidráulico. La cara exterior termina con sillería de piedra de Montjuïc, que resuelve también los enmarcados de los huecos.

Por encima del basamento, todas las paredes exteriores son de fábrica de ladrillo ordinario, aunque compacto y bien elegido, y se resuelven con dos hojas de ladrillo de 15 cm con cámara de aire interior. Los enmarcados de los huecos, las impostas, cornisas, capiteles, rosetones, respiraderos, pináculos, bases de chimeneas y otras partes esculturadas se construyen con piedra, combinada con ladrillo visto, alfarería y baldosas cerámicas. Siguen la misma lógica todas las partes que contribuyen a alejar las aguas del plano de la fachada para mejorar la impermeabilidad del conjunto.

Las cubiertas son inclinadas, con tejas de cerámica vidriada, o bien cupuladas, con escamas del mismo material. La composición cromática y de texturas de las cubiertas se ha convertido en uno de los elementos más característicos y distintivos de la arquitectura del recinto.

Los techos de todos los edificios se resuelven con bóveda catalana. Este sistema constructivo tradicional permite cubrir los espacios de forma muy rápida, dejando superficies lisas y sin aristas, lo cual contribuye a mejorar las condiciones higiénicas de los espacios interiores. Los empujes generados por las bóvedas se contrarrestan mediante zunchos metálicos perimetrales, embebidos entre los muros de fachada. Esta solución contribuye a mejorar la estabilidad ante seísmo del conjunto y también a la distribución uniforme de cargas verticales, con independencia de la posición de los huecos.

En la memoria del proyecto original, Domènech i Montaner deja claro cuál es el principio general:

La estructura, construcción y decoración de todas las salas del Hospital se consideran tan enlazadas que forman un único concepto; construida una sala, quedará ya decorada por sus propios materiales de construcción tanto en el exterior como en el interior; solo arrimaderos de baldosas y revoques o revestimientos que son necesarios para mantener la limpieza completarán su decoración.

Bajo esta directriz, se desarrolla una riquísima gama expresiva que, con pequeñas sutilezas, convierte en único cada espacio.

El repertorio iconográfico y ornamental aplicado a la totalidad de los edificios, con mayor o menor intensidad dependiendo de su representatividad, insiste en los símbolos de los dos promotores hospitalarios: Pau Gil (P i G) para San Pablo y la Santa Cruz y otros donantes en los últimos pabellones. La presencia de figuras angelicales de protección, el tetramorfo de los apóstoles y los santos y santas que han formado parte de la historia de la fundación hospitalaria medieval también están profusamente representados. Como pieza clave, cabe destacar el friso de mosaico que recorre las fachadas del pabellón de la Administración, que recoge de forma ilustrada la historia de la institución hospitalaria desde sus orígenes hasta la construcción de la nueva sede.

En 1902 se inician los primeros movimientos de tierras en el solar. En 1905 comienza la construcción simultánea de los diez primeros pabellones, que correspondían al Hospital de San Pablo. En 1912 se agota el legado de Pau de Gil y los albaceas preparan la cesión de los pabellones a la Muy Ilustre Administración del Hospital de la Santa Cruz. La obra queda interrumpida, dejando en medio de la ciudad un conjunto a medio construir durante muchos años. Finalmente, en 1930 se inaugura oficialmente el recinto, a pesar de que alguno de los pabellones ya estaba en funcionamiento.

Domènech i Montaner fallece en 1923 y la última fase de los trabajos la dirige su hijo, Pere Domènech i Roura, que había formado parte del equipo técnico desde el principio (con Francesc Guàrdia, Francesc Julià, Enric Catà y Amadeu Llopart).

A lo largo de sus cien años de vida, los edificios se van adaptando a las necesidades funcionales de cada momento. Las modificaciones se realizan, en muchos casos, con poco cuidado respecto a la configuración original, con vistas a aumentar su capacidad y dar cumplimiento a las exigencias médicas.

En 1978 el recinto es declarado Monumento Histórico-Artístico del Estado y en 1997 es declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO (junto con el Palau de la Música Catalana).

Debido a la situación de colapso arquitectónico y funcional, se plantea la necesidad de construir un nuevo hospital que cumpla los requisitos de un centro hospitalario del siglo XXI. Este nuevo centro de edifica en el extremo norte del recinto, y el traslado de la actividad hospitalaria se completa en 2009.

Con la finalidad de analizar el estado de conservación del conjunto y de sentar las bases y establecer los criterios comunes que deben regir las actuaciones de restauración y adecuación a nuevos usos del recinto histórico, se redacta en 2008 un Plan Director, a cargo del equipo liderado por el arquitecto Xavier Guitart. En el marco de dicho plan se realizan levantamientos de planos, estudios históricos, analíticas, estudios estructurales, etc. A partir de ahí, las intervenciones de restauración y puesta en uso de los pabellones se han ido ejecutando por fases, dividiendo los encargos de proyecto y obras.

Este pabellón formaliza el acceso principal al recinto. El edificio tiene una configuración casi simétrica, con un cuerpo central coronado por la torre del reloj, dos alas laterales que abarcan el espacio de la plaza situada delante y dos cuerpos extremos perpendiculares que cierran el espacio y alcanzan los límites del solar. Presenta una altura de planta baja, dos plantas, espacio de buhardilla y una planta de semisótano con iluminación y ventilación naturales.

Originalmente concentraba los espacios destinados a usos administrativos del conjunto, con el ala este para las dependencias de uso médico (admisión de enfermos, despachos médicos y biblioteca-museo), el ala oeste para usos administrativos (salas de contaduría, despachos, archivo general y secretaría) y el cuerpo central –el corazón del recinto– que albergaba los usos más representativos: el soportal de acceso, la escalera monumental, el gran salón de actos y la torre del reloj.

El espacio de buhardilla albergaba en un primer momento viviendas para el personal sanitario interno del recinto, con una curiosa configuración de «casas patio» de la que ha quedado registro por los documentos que se conservan en el Archivo del Hospital y vestigios visibles en el momento de su restauración. Todo el pabellón se resuelve con forjados de bóveda catalana, con una estructura metálica embebida entre los muros y una gran variedad decorativa en los intradoses.

La representatividad del edificio queda acentuada por la extrema riqueza en el amplio programa ornamental y por una mayor calidad en la selección de los materiales. En este sentido, el pabellón de la Administración constituye un homenaje a las infinitas posibilidades expresivas de la cerámica aplicada a la arquitectura.

El espacio interior queda estructurado por las comunicaciones verticales y los servicios, con una escalera monumental que conecta los espacios representativos del cuerpo central y las escaleras de servicio situadas en el punto de contacto entre las alas laterales y los cuerpos extremos. Dentro de los dos pilares de la fachada sur del cuerpo central había unas escaleras de caracol que conectaban todo el edificio desde la planta sótano hasta el pie de la torre del reloj, destinadas a posibles trabajos de mantenimiento interno.

En los interiores se despliega un repertorio ornamental que, basado en una amplia variedad de artes aplicadas, singulariza cada espacio.

En los pavimentos se combina el uso de mármoles y otras piedras –en formato de losas o en configuración de mosaico romano– en los espacios representativos, de circulación y en la planta baja. En los ámbitos más restringidos se opta por el pavimento de baldosa cerámica roja combinada con piezas policromadas del mismo material, con una trepa especial con efecto de relieve.

Los arrimaderos cerámicos están presentes casi en todos los espacios (aunque no sean de uso sanitario) y combinan numerosas variaciones de aparejo, formato y cromatismo (baldosas cuadradas, rectangulares en escama de pez, hexagonales en panal de abeja, mosaico de teselas regulares, de color liso, a la trepa, vidriados, cerámica de bulto en piezas de remate…).

Por encima de esta protección, el paramento quedaba «a la vista», siendo este uno de los primeros ejemplos del uso del ladrillo visto como acabado final en los interiores de un edificio no industrial. Domènech trabaja con un ladrillo prensado muy fino de color rojo, combinado con un bloque gris (de argamasa, sin cocción) para enriquecer cromáticamente la piel interior. En un principio, estos paramentos presentaban una veladura que respetaba el color de la base pero uniformaba el conjunto y un tratamiento cromático de las junturas para completar la percepción de la textura deseada.

Las bóvedas catalanas se revisten con materiales cerámicos de formato y cromatismo diversos, que permiten singularizar las más de 100 bóvedas que configuran los techos del pabellón.

Cronología de intervenciones más significativas:

1959 – Habilitación de un colegio mayor universitario en el ala este del pabellón. Manuel Puig Janer.

1960 – Reforma de oficinas del cuerpo extremo del ala oeste. Manuel Puig Janer.

1966 – Acondicionamiento del sótano para albergar los nuevos servicios de urgencias. Manuel Puig Ribot.

1983 – Acondicionamiento, mejora y reforma de los accesos. Víctor Argentí i Salvadó.

1985 – Restauración de la torre del reloj y de las cubiertas del ala oeste. Leopoldo Gil i Nebot, Joan Margarit i Consarnau y Carles Buxadé i Ribot.

1999 – Restauración de las cubiertas del ala este. Santi Prats i Rocavert.

2008 – Restauración de la fachada principal de los cuerpos laterales. Xavier Guitart i Tarrés.

2013 – Restauración integral y adecuación a nuevos usos. ONL arquitectura.

Los pabellones de San Jorge y Santa Apolonia, situados detrás del pabellón de la Administración y próximos a los accesos laterales, estaban destinados al primer reconocimiento de los casos que entraban. No disponían de conexión a la red de galerías subterráneas para garantizar que no existiese posibilidad de contagio en caso de enfermedades infecciosas.

Cuentan con una planta de altura y están formados por un cuerpo principal con cuatro celdas y acceso desde una galería exterior cubierta y dos cuerpos extremos, uno de ellos destinado a cocina y una sala para el personal sanitario y el otro a baño y sala de limpieza.

Cronología de intervenciones más significativas:

Santa Apolonia

2009 – Rehabilitación integral para uso expositivo. Xavier Guitart i Tarrés.

San Jorge

2009 – Rehabilitación integral para uso expositivo. Rafael Vilà.

Se ha mantenido la configuración prevista en el proyecto original, con la distribución de las enfermerías y de sus servicios en pabellones aislados, conectados por la red de galerías subterráneas situadas debajo de los viales y los jardines del recinto.

Los pabellones responden a una misma tipología, con el cuerpo de acceso tangente a la avenida principal, la sala de enfermería en forma de cuerpo longitudinal orientado norte-sur y un cuerpo administrativo que da a la parte exterior del recinto. Domènech, de hecho, dibuja un único juego de planos sobre papel vegetal para los pabellones tipo, de modo que, para construir los que estaban en posición simétrica solo era preciso volver la hoja.

El programa de cada pabellón incluía la gran sala de enfermos (sin compartimentaciones, con camas dispuestas en las dos fachadas longitudinales), la sala de día (para los enfermos más delicados que no podían salir a los jardines), estancias de servicios sanitarios y médicos auxiliares (en el semisótano) y despachos administrativos (con acceso independiente desde el exterior).

La altura general de los pabellones es de planta semisótano, planta baja y planta piso (solo en cuerpo extremo), aunque dos de ellos (San Manuel y Virgen de Montserrat) tienen una planta más. Los accesos desde el exterior se realizan, a nivel de planta baja, mediante unas rampas y escalinatas que arrancan desde la avenida central y, a nivel de planta semisótano, por el punto central del pabellón. Desde las galerías se accede al nivel semisótano de cada uno de los pabellones.

Las fachadas de los edificios siguen la estratificación material presente en todo el recinto: un zócalo de sillería de piedra de Montjuïc que absorbe el nivel semisótano y el contacto con el terreno, un tramo central de fábrica cerámica de ladrillo visto (con enmarcados de piedra) y unas cubiertas de tejas y de escamas de cerámica vidriada polícroma. Los elementos ornamentales singularizan cada uno de los pabellones.

En el plano constructivo, los techos de la planta baja se resuelven con bóveda catalana en forma de cúpula rebajada para la sala de día y de bóvedas de Bohemia en la sala de enfermería, cubriendo una luz de 9 m. Por debajo, un muro de obra de fábrica de mampostería resuelve el encuentro con el terreno. La estructura de la cubierta de la sala de enfermos está formada por cerchas y viguetas metálicas y entrevigado cerámico. El cuerpo extremo tiene una azotea plana, accesible, que permite el mantenimiento del conjunto.

Todos los espacios interiores están revestidos con materiales que garantizan la higiene (revestimientos cerámicos o estucos). Se desarrolla un amplio repertorio ornamental basado en la baldosa cerámica vidriada o esmaltada, que genera una gran variedad de texturas y colores con la finalidad de lograr espacios únicos a partir de una sola configuración tipológica.

En el proyecto original se estudia de forma pormenorizada cómo conseguir el confort y la salubridad en las salas de enfermos. Transcribimos a continuación la definición de los recursos que aparece en la memoria del proyecto original de Domènech por su gran interés.

Iluminación y ventilación naturales – Se necesitan aberturas altas para sanear la atmósfera de la sala por medio de intercambio directo del exterior y de la luz solar de día; dicho intercambio debe realizarse a distancia de los enfermos para evitar corrientes de aire directas o un exceso de luz en la región baja de la sala donde se encuentran los enfermos. Es preciso tener luz moderada en la parte baja de la sala y, sobre todo, la vista del espacio exterior, aunque solo sea por su indudable efecto moral.

Se establecen dos órdenes de ventanas. Un friso superior completamente rasgado de luz y aire en la parte alta de las salas; los acristalamientos se abren en báscula sobre su arista horizontal inferior y proporcionan el cambio de aire a distancia y sin peligro de molestia para los enfermos, y unas persianas de lamas anchas gradúan la luz y cierran su paso casi por completo en caso necesario. Las persianas y ventanas disponen de un sistema de apertura y regulación mediante una varilla metálica situada en el hueco del muro y accionada desde la parte baja del espacio.

El otro sistema de ventanas «ordinarias» se sitúa ligeramente elevado entre las camas y proporciona a los enfermos luz y vistas al exterior. Cuentan con postigos para regular la entrada de luz o impedirla en caso necesario.

Ventilación lenta: en la mayoría de los techos abovedados de las salas existen unos espacios, canales o conductos transversales de aire que se abren por los extremos de los paramentos de las fachadas en forma de rosetones lobulados. Dichos conductos tienen aberturas enrejadas en los suelos de las salas, que se pueden abrir a voluntad (situados entre las camas o apartados, en la parte central del espacio), por las que entra aire fresco del exterior. En correspondencia con estas aberturas, en la parte más elevada de las bóvedas de la sala existen otras graduadas con cerramientos de «mariposa» que se abren en una chimenea de tiro y que van a parar a la cumbrera de la cubierta, por donde sale el aire viciado de las salas. Esta ventilación natural lenta se emplea cuando el aire exterior es templado. Cuando no es así, se recurre a la ventilación y la calefacción artificiales.

Ventilación y calefacción artificiales – En los espacios transversales de las grandes salas, situados en el espacio entre ventanas, hay un anillo de conductos de calefacción dispuesto en la mayoría de muros y bóvedas. En la parte baja del sótano discurre una galería enterrada siguiendo el eje longitudinal de la sala, con inicio en el espacio de instalaciones situado en un extremo del edificio. De ese conducto central salen de forma perpendicular a cada lado otros conductos que van a parar a las bases de los pilares de cada fachada. Por detrás de cada pilar ascienden unos conductos cilíndricos (15 x 60 cm diám.) fabricados con ladrillo y montados en el propio pilar. Se conectan por la parte superior con otro conducto horizontal (60 x 40 cm) alojado entre el par de vigas que contrarrestan el empuje de las bóvedas. Entre cada tramo de ventanas queda configurada una corona de circulación de aire calentado. El conducto de aire se abre en la parte central de la sala y en las fachadas por ambos extremos (con posibilidad de regulación). En el hueco de los muros sigue el conducto en sentido vertical hasta las chimeneas de expulsión situadas en la cubierta. Este sistema se pone en funcionamiento durante las breves temporadas frías de nuestro clima. Pueden ir conectadas a diferentes aparatos o sistemas de calefacción: vapor central, vapor especial de cada pabellón, calorífero de aire único situado en cada pabellón, varios caloríferos situados dentro de las salas.

Agua potable – Cada pabellón dispone de un depósito repartidor de aguas limpias o potables. Se sitúa sobre la escalera circular de servicio, y puede verse desde el exterior en forma de torre cubierta por una pequeña cúpula, revestida con baldosas en su cuerpo circular y escamas vidriadas la cubierta cupulada. Su construcción es con cemento armado o rasilla cerámica de tres hojas tabicadas con aros de hierro de refuerzo. La distribución se realiza mediante redes de tuberías de plomo de doble presión.

Saneamiento – Todos los aparatos higiénicos disponen de sifones y descargas de agua (limpieza y ausencia de malos olores). Los conductos de desguace van a parar a un depósito de Mourrás enterrado en la parte central del jardín de cada pabellón y conectados todos a la red de desguace de todo el recinto.

Con el paso de los años y la presión causada por las nuevas exigencias de la actividad sanitaria (en cuanto al espacio y las instalaciones), estos pabellones fueron sufriendo numerosas modificaciones que han desvirtuado sus características iniciales. Los grandes espacios de las salas de día de enfermos se compartimentaron horizontalmente para aumentar la superficie de techo disponible. Los espacios se fueron dividiendo mediante separadores verticales para conseguir habitaciones, con la consiguiente afectación a la aberturas. También se sobrepusieron nuevos acabados en pavimentos y paramentos interiores y se anularon todos los sistemas pasivos de climatización natural y de control solar previstos originalmente.

El derrumbe de la cúpula de la sala de día del pabellón de la Merced (afortunadamente sin causar daños personales) fue el detonante que aceleró el proyecto de construcción del nuevo hospital.

https://elpais.com/diario/2004/04/20/sociedad/1082412002_850215.html

En la actualidad, estos pabellones han sido restaurados y adecuados a los nuevos usos siguiendo las directrices marcadas por el Plan Director, devolviendo la configuración a su estado espacial original. Se han incorporado pequeños incrementos de techo, pero ejecutados de forma que permiten la lectura del espacio original ideado por Domènech y, al mismo tiempo, el cumplimiento de los requisitos y la incorporación de las instalaciones que se exigen en la actualidad.

Cronologia d’intervencions més significatives: 

XXXX – Consolidació 

La casa de operaciones, situada en el punto medio de la avenida central, albergaba los quirófanos y espacios médicos vinculados que daban servicio a los pabellones restantes. Tiene una altura de planta baja, dos plantas piso y un subterráneo que comunica con las galerías del recinto.

La característica más significativa del edificio es su volumetría compacta y sus tres espacios absidiales con cerramientos de cristal (paramentos y cubiertas), orientados al norte, por lo que disponen de una iluminación natural óptima con luz difusa. Allí estaban situados los quirófanos: el principal en la planta baja y dos secundarios en la planta primera. En el sótano estaban los laboratorios, talleres y salas de enyesado; en las plantas baja y primera, las salas de esterilización, anestesia y posoperatorio. Quedaban en la planta segunda los laboratorios de radiología y fotografía.

En la memoria del proyecto original, Domènech i Montaner describía de forma precisa los sistemas de ventilación y calefacción especiales de este pabellón, como muestra del estudio que realizó de las distintas soluciones técnicas disponibles para garantizar las máximas condiciones higiénicas y sanitarias.

Del cuarto de calefacción del sótano, que funciona mediante un generador especial dividido en departamentos aislados de baterías de tubos de vapor, arrancan conductos de aire caliente especiales para cada sala de operaciones y para cada grupo de estancias, dispuesto todo desde la toma de aire hasta su ingreso en la sala o las estancias con completo aislamiento; solo deben tener en común todas las secciones el generador de vapor. En la entrada tiene cada sala un registro enrejado doble para filtrar el aire mediante absorbentes antisépticos. La salida o chimenea del aire viciado hacia el exterior es también completamente aislada para cada sección.

 

Cronología de intervenciones más significativas:

XXXX – Consolidación estructural, restauración de fachadas y cubiertas, derribo de elementos interiores no originales. Isabel Rodón.

XXXX – Rehabilitación interior de la planta -1. Ramon Godó.

2015 – Rehabilitación de los espacios interiores. Dilmé, Fabré, Torras i Associats.

El proyecto de urbanización contempla los 145.470 m2 de superficie total del recinto.

Todos los edificios están conectados entre sí por una red subterránea de túneles. Estas galerías tienen iluminación y ventilación natural por la parte superior e incorporan el trazado de instalaciones de calefacción, agua, gas y electricidad, con lo cual se garantiza el suministro de cada uno de los edificios independientes.

La plaza de entrada, situada en el extremo sur del recinto, delante del pabellón de la Administración, está dispuesta de modo que da acceso a la circulación en los sótanos y todas las plantas bajas. El proyecto original contemplaba su organización a partir de un parterre vegetal central rodeado de unas rampas que permitirían acceder al porche central. Otros parterres laterales las separaban del acceso a ras a los cuerpos extremos. En sucesivas revisiones del proyecto van apareciendo el estanque central, las escaleras y el monumento al mecenas, Pau Gil, obra del escultor Eusebi Arnau. Esta solución topográfica de la plaza permite dar respuesta al acusado desnivel del recinto en su transición a la ciudad, dotándolo de un carácter monumental y acentuando la transparencia que permite la visualización del interior desde este punto privilegiado.

Al traspasar el porche, el espacio se ordena a partir de dos vías principales de 50 m de anchura (como las vías principales del Ensanche) y 500 m de longitud, perpendiculares entre sí y situadas en diagonal respecto a la trama del Ensanche, con orientaciones norte-sur y este-oeste. Las vías menores que separan los pabellones son de 30 m de anchura (como las rondas de la ciudad en aquel momento) y entre las salas de enfermería se organizan unos jardines de la misma anchura. Mediante pequeñas variaciones en las rasantes de los espacios ajardinados se consigue nivelar el acceso en el punto medio de la planta semisótano en el caso de los pabellones de levante, y de la planta baja en los de poniente. Esta solución resulta en una serie de caminos serpenteantes en diagonal entre los dos pabellones, que dan paso a un jardín de verano (a norte, fresco) a un lado y un jardín de invierno (a sur, soleado) al otro. Desde el punto de vista de los materiales, el concepto general de la urbanización era muy interesante. La calzada se resolvía con pavimento continuo de sablón o gravas, enrasado al mismo nivel que las aceras perimetrales de adoquines de piedra. Las confluencias con elementos vegetales y paramentos también se resolvían con una franja de adoquines. Las trazas y los remates de los muros, rampas y escalinatas (muchas todavía conservadas) se resuelven con elementos de piedra de Montjuïc.

Domènech diseñó un sistema de alcantarillado para el recinto, firme en su voluntad de dotar el nuevo hospital de las condiciones higiénicas más avanzadas del momento. Curiosamente, en su día no pudo realizarse la conexión con la red pública de la ciudad, que todavía no se había construido.

Los trabajos de urbanización fueron ejecutados por tres contratistas diferentes.

Las especies vegetales utilizadas en todo el recinto respondían al interés científico y farmacéutico, aparte del paisajístico.

La urbanización general se fue modificando con el paso del tiempo, con la introducción de vehículos a motor en las vías interiores y con cambios en las especies vegetales y las trazas geométricas.

Dentro del proyecto de restauración del recinto modernista, se plantea una nueva propuesta de urbanización que recupera y mantiene elementos del proyecto original e incorpora variaciones materiales y topográficas para adaptarlo a los requerimientos de los nuevos usos previstos, a cargo de DATA AE + GRND 82 + Isabel Benassar (2012-2016).

Cronología de intervenciones más significativas:

XXXX – Consolidació 

Integrado desde el principio en el equipo técnico redactor del proyecto, Pere Domènech i Roura, hijo de Domènech i Montaner, se hace cargo de las obras en la segunda fase constructiva, de gran austeridad a causa de la limitada disponibilidad de recursos económicos una vez agotado el legado de Pau Gil.

La monumentalidad de los edificios queda diluida y la menor calidad en los materiales se convierte en una característica diferencial para las posteriores condiciones de conservación de los elementos.

Pabellón Central. El proyecto original planteaba construir en el punto medio de la avenida central un pabellón triple que integrara el convento en su cuerpo central y la farmacia y las cocinas en dos pabellones laterales, comunicados con el convento por puentes elevados cubiertos para no interrumpir el trazado de la avenida. El edificio del convento estaba estructurado en torno a un patio central, alrededor del cual se situaban las dependencias y que, en la cara norte, incorporaba una capilla que lo cerraba, con una gran cruz situada sobre una torre que era una réplica de la torre del reloj del pabellón de la Administración. La farmacia y las cocinas se organizaban alrededor de un espacio central cubierto, rodeado de galerías de circulación. Su construcción se inició en 1922. Domènech i Roura mantiene la configuración volumétrica general, pero rebaja en gran medida el carácter monumental de este conjunto. Redimensiona la capilla y elimina la torre central. Como detalle anecdótico, la fachada lateral del ala de las cocinas procede del antiguo Hospital de Santa Marta (situado primero en La Ciudadela, de donde fue derrocado en 1716; se volvió a montar en el barrio de Sant Pere, de donde fue desmontado al quedar afectado por la apertura de la Via Laietana en 1908-1909). Finalmente, nunca ocupó la posición central que le correspondía y solo se construyeron por encima algunos pabellones, muy a posteriori y sin seguir las directrices originales.

Iglesia y anexos. Era uno de los pabellones perimetrales con acceso independiente desde la calle, destinado a acoger los usos de culto del recinto y también la residencia del personal eclesiástico y de los enfermeros y los Hermanos del Hospital. Había dos alas anejas a la nave de la iglesia. Domènech i Roura, como en otros casos, adaptaría el diseño original manteniendo la volumetría y rebajando su carácter monumental, aunque no por completo. Aunque no se llegó a construir (a pesar de que quedan restos de su replanteo inicial), la coronación del cimborrio prevista era mediante una gran cúpula central rodeada de cuatro cúpulas laterales (al estilo de la torre en esquina de la casa Lleó Morera).

Pabellón de la Resurrección. Levantado en el lugar destinado a capilla mortuoria en el proyecto original, fue construido en 1928 y derribado en el año 2000 por encontrarse en los terrenos destinados a la construcción del nuevo hospital.

Pabellón de los Lavaderos. Construido en 1927 en el lugar que debía ocupar la torre de las aguas del proyecto original, en el centro del tramo de la calle Mas Casanovas, concentraba los servicios de lavandería y desinfección de la ropa del hospital. Mantuvo sus funciones hasta que se externalizaron los servicios a finales de los años setenta. En 1996 fue derrocado para construir el nuevo hospital.

La Casa de Máquinas. El pabellón que tenía que acoger las máquinas para generar gas y electricidad (previsto en el lugar que ocupa la actual casa de Convalecencia) no llegó a construirse. En 1927 se planteó la construcción de la nueva casa de máquinas, donde se ubicarían las calderas de producción de vapor, calefacción y agua caliente de los distintos pabellones debido a la clara ineficiencia del sistema individual instalado a partir de 1916. Había instaladas cuatro calderas, dos para agua caliente y dos para agua fría; dos grupos de electrobombas para impulsarla; depósitos acumuladores y termómetros a distancia para controlar la temperatura de salida. Se generaban cada hora 1.600.000 calorías y 630 kg de vapor.

Ampliación del tejar. En 1919 se incorporan a la propiedad los terrenos pertenecientes a la familia Utset, situados en el margen superior izquierdo del recinto actual. En dichos terrenos había un tejar, que Domènech i Roura plantea ampliar y dotar de un horno continuo con cámaras múltiples y chimenea para suministrar las 250.000 piezas mensuales que se necesitaban para los trabajos de construcción. El edificio fue derrocado en 1996 para dar espacio al nuevo hospital.

Pabellón de San Carlos y Santa Francisca. Situado detrás del pabellón central y construido entre 1927 y 1930, no formaba parte del proyecto original. El programa contenía dos grandes salas de enfermos, dedicadas especialmente a ancianos, y fue posible gracias al legado de Francesca Balart. Se derribó en 2005 para dejar sitio al nuevo hospital.

La casa de Convalecencia. Proyectada por Domènech i Montaner y construida entre 1922 y 1930 por Domènech i Roura tras morir su padre en 1923. Se trata de una de las últimas grandes obras del modernismo. Sede de la institución creada en 1680 y vinculada a la Santa Cruz, hasta su traslado ocupó un edificio en la calle del Carme (sede actual del Instituto de Estudios Catalanes). El edificio estaba destinado a alojar a personas convalecientes y tenía capacidad para 100 residentes. Se construye siguiendo el repertorio de materiales y cromatismo presente en todo el recinto, con un carácter más austero.

Pabellón de Santa Victoria. Situado entre el pabellón de San Federico y la casa de Convalecencia, fue proyectado por Domènech i Montaner, y terminado por Domènech i Roura entre 1922 y 1925. No formaba parte del proyecto original de 1905 y se emplaza en el lugar destinado originalmente al pabellón destructor de ropa y de materias contumaces. Sigue el diseño previsto para el pabellón de enfermedades infecciosas de mujeres, pero simplificando la decoración y renunciando a las cubiertas con cúpula. En origen debía destinarse a pabellón de medicina infantil para niñas, y fue posible gracias al legado de Elvira y Emília Llagostera Suís, que administró por vía directa su sobrino, el Dr. Daniel Girona. La falta de espacio provocó una ampliación en 1934 a cargo de Manuel Puig, arquitecto del hospital en aquellos momentos, en la que se añadió un piso siguiendo la composición y estructura originales. En 1973 se efectuó una segunda ampliación menos respetuosa, con un anexo adosado a la fachada sur, que fue derrocada a finales de los años noventa.

Pabellón de San Federico. Situado detrás de la iglesia y construido en 1928, no formaba parte del proyecto original. Su construcción fue posible gracias a la aportación de Frederic Benessat y se destinó a cirugía infantil. Difiere del esquema funcional de los otros pabellones, con dos salas de enfermería, pero conserva la torre de las aguas en la fachada principal.

Pabellón de la Asunción. Construido en 1926 gracias a la aportación de Rafel Patxot i Juvert y Lluïsa Rabell i Cibils , fue destinado a pabellón para tuberculosos. No se encuentra en la avenida central, sino que se sitúa en el perímetro cercano a la calle de Cartagena, actualmente adosado al edificio de la Fundación Puigvert. Domènech i Roura se inspiraría en el proyecto original de pabellones de dos pisos (San Manuel y Virgen de Montserrat), realizando algunas variaciones para adaptarlo a los fondos disponibles (no tiene planta sótano). Ha sufrido numerosas modificaciones y ampliaciones para adaptarlo a las necesidades del servicio de urología situado en la Fundación Puigvert.

Pabellón de San Manuel. Forma parte del proyecto original y se construye en 1923, iniciado por Domènech i Montaner y terminado por Domènech i Roura. Es el último pabellón de enfermos que se construye en la avenida central y estaba destinado a cirugía general masculina. Se trata de un pabellón de dos pisos y semisótano. Fue financiado por administración directa de sus benefactores: Agustí, Pere, Dolors y Mercè Marinés i Molins, que pusieron como condición que el pabellón se construyera lo más rápido posible y de un tirón.

  • Los pabellones del proyecto original que no llegaron a construirse están documentados en los más de 180 planos conservados en el Archivo Histórico, así como en la memoria original.Se listan a continuación:
  • Pabellón de desinfección de ropa.
  • Pabellón destructor de ropa y de materias contumaces.
  • Pabellones de máquinas: fábrica de gas y electricidad, lavaderos y talleres.
  • Torre de distribución de aguas y casa de bombas.
  • Pabellón de medicina para hombres (situado por encima del pabellón Central y estructuralmente idéntico al pabellón de la Virgen de Montserrat, que sí fue construido).
  • Pabellón de ginecología.
  • Pabellones de medicina de enfermedades especiales (con dos salas de enfermos en lugar de un espacio único, manteniendo las dimensiones totales).
  • Pabellón de obstetricia.
  • Pabellones de sifilíticos.
  • Pabellones de hospitalización de tuberculosos.
  • Pabellones de tifoideas y varias enfermedades infecciosas.
  • Pabellones de variolosos.
  • Pabellones menores de enfermedades infecciosas.
  • Pabellones de aislamiento celular (destinados a enfermos con infecciones de alto riesgo de contagio, situados paralelos a la calle Sant Quintí).
  • Hospital de niños (separado del resto de edificaciones del recinto y con acceso independiente desde la calle Sant Quintí).
  • Dispensario (el espacio que había de ocupar este pabellón es correspondiente a los actuales edificios modernos de la Fundación Puigvert, en la calle de Cartagena).
  • Pensionado (previsto también con acceso exterior, en la esquina superior entre las calles Cartagena y Mas Casanovas).
  • Sala de autopsias y disección.
  • Capilla mortuoria.

Cronograma

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