DOMÈNECH POLÍTICO
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Domènech i Montaner participó desde muy joven en la vida cultural catalana, y con ello en los primeros movimientos catalanistas.

A pesar de haber sido uno de los principales representantes del catalanismo político, e incluso habiendo llegado a diputado en las Cortes de Madrid, su figura se fue desgastando con el paso del tiempo y no ha sido valorada por las nuevas generaciones políticas.

Domènech i Montaner participó desde muy joven en la vida cultural catalana, y con ello en los primeros movimientos del catalanismo militante. En 1870, con tan solo diecinueve años, participó en la fundación de La Jove Catalunya, un grupo de intelectuales y artistas de mentalidad abiertamente catalanista que se reunían en el Café Suizo y en la rebotica de la farmacia de la plaza del Pi. A pesar de la juventud de los contertulios, se les llamó «la mesa de los sabios». Inicialmente, su órgano de difusión fue el semanario La Gramalla, y posteriormente La Renaixensa. Domènech colaboró con varios artículos en esta publicación. Especialmente célebre en la historiografía del modernismo catalán fue su artículo «En busca de una arquitectura nacional», publicado en 1878. En 1881 La Renaixensa se convirtió en diario, cuya cabecera diseñó Domènech.

En 1882 se fundó Centre Català, una entidad catalanista cuyo objetivo era conseguir la unión de todos los catalanes. La idea inicial había sido formulada en el Primer Congreso Catalanista del año anterior por Valentí Almirall, quien fue el principal líder hasta su disolución. Pronto se adhirió a la entidad el grupo de La Renaixensa, y por lo tanto Domènech i Montaner. Uno de los principales actos de militancia catalanista de la entidad fue la entrega en 1885 al rey Alfonso XII de la Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña, conocida como Memorial de Greuges (memorial de agravios).

En 1887, una escisión del Centre Català creó la Lliga de Catalunya, entre cuyos fundadores se encontraba Domènech. La recién creada formación política protagonizó un nuevo acto para transmitir un mensaje a la realeza, en este caso a María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina regente de España. Con ocasión de su visita a Barcelona para inaugurar la Exposición Universal, se le hizo entrega de un documento que firmaban 2.601 personas en el que se pedía autonomía para Cataluña. Redactado por Àngel Guimerà, representaba la ideología de la Lliga de Catalunya y del grupo de La Renaixensa. Aquel mismo año, en 1888, Domènech fue elegido presidente de la Lliga de Catalunya.

Poco después, y con objeto de reunir a las diversas sensibilidades del catalanismo –por un lado el nacionalismo histórico (vinculado a la revista La Renaixensa) y por otro el nacionalismo más militante dentro de la política (representado por Enric Prat de la Riba)–, se fundó en 1891 la Unió Catalanista. Domènech participó en su creación y, al año siguiente, fue nombrado presidente, con Enric Prat de la Riba como secretario. Esta entidad organizó su Asamblea de 1892 en Manresa, donde se redactó el documento conocido como las Bases de Manresa, que establecía los fundamentos para la devolución de las constituciones catalanas. Domènech, como presidente de la entidad, dirigió la Asamblea y pronunció el discurso inaugural y el de clausura.

La pérdida de las colonias de ultramar en el denominado «Desastre del 98» había generado un clima de crisis política que en Cataluña se tradujo en un fortalecimiento de los movimientos catalanistas, que criticaban al Gobierno español y le pedían regeneración. El grupo de políticos conocido como «los cinco presidentes», entre ellos Domènech i Montaner, entregó un segundo mensaje a la reina regente, diez años después, con las reivindicaciones catalanistas.

Las diferencias en el seno de la Unió Catalanista, que agrupaba sensibilidades muy diversas, llevaron a una escisión por parte de los contrarios al apoliticismo del partido. Los partidarios de la actuación en la política española, entre ellos Domènech, fundaron en 1899 el grupo Centre Nacional Català. El sector de la Unió Catalanista que decidió continuar en la línea del apoliticismo se mantuvo estructurado en torno al diario La Renaixensa.

Poco después, Domènech y otros militantes del Centre Nacional Català apostaron por la fusión con la Unió Regionalista, un grupo político claramente partidario de las negociaciones con el general Polavieja, y fundaron la Lliga Regionalista. Originariamente, la Lliga estaba formada por sectores de la burguesía y por unas clases medias decepcionadas con el polaviejismo y movilizadas mediante el denominado «cierre de cajas», que defendían una Cataluña libre, fuerte y autónoma. Su órgano de difusión fue La Veu de Catalunya. Sus candidatos se presentaron a las elecciones legislativas del 19 de mayo de 1901 y a las municipales del 10 de noviembre del mismo año, en la llamada «candidatura de los cuatro presidentes», cuatro personalidades que apoyaron la candidatura de la Lliga Regionalista. Eran, nada más y nada menos, Lluís Domènech i Montaner, ex presidente del Ateneo Barcelonés, Bartomeu Robert, ex alcalde de Barcelona y ex presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País, Albert Rusiñol, ex presidente de Fomento del Trabajo, y Sebastià Torres, ex presidente de la Liga de Defensa Industrial y Comercial. Fueron elegidos y Domènech fue diputado en las Cortes de Madrid durante las legislaturas de 1901-1903 y 1903-1905. Durante la segunda legislatura, no obstante, la Lliga Regionalista perdió mucho apoyo popular y sufrió fuertes discrepancias internas. El 16 de abril de 1904, Alfonso XIII visitó Barcelona. La Lliga Regionalista publicó un manifiesto a favor de la no participación en los actos programados como protesta ante la poca sensibilidad del monarca respecto a las aspiraciones catalanistas. Pero Cambó y los concejales regionalistas del ayuntamiento asistieron a la recepción. Se produjo una división interna en el partido, encabezada por Prat de la Riba. Para Domènech supuso una gran decepción y decidió abandonar el partido. Durante la segunda legislatura, raras veces acudió a las Cortes.

Parte de los escindidos formaron un grupo de izquierdas en torno al semanario El Poble Català, cuya cabecera también dibujó Domènech i Montaner. Sin embargo, no continuó su andadura con este grupo político, ya que no coincidía totalmente con su ideología.

Tras esta experiencia, Domènech i Montaner se fue distanciando de sus compañeros de lucha política y regresó a su vida profesional y docente. Siguió estando muy presente en la vida cultural y social de Cataluña: presidió el Ateneo Barcelonés en varias ocasiones y realizó obras arquitectónicas de mucho éxito. Siguió publicando algún que otro artículo o cartas abiertas en El Poble Català, donde polemizó con Pijoan y Puig i Cadafalch sobre la Biblioteca de Cataluña o el Instituto de Estudios Catalanes, y denunció el bombardeo de la catedral de Reims por parte de los alemanes.

A pesar de haber sido un actor principal del catalanismo político durante muchos años, su figura se fue desgastando con el paso del tiempo, y no ha sido valorada por las nuevas generaciones políticas.

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