CAFÈ RESTAURANT

AÑO
1888-1892

DIRECCIÓN
Parc de la Ciutadella, Barcelona

PROMOTOR
l’Ajuntament de Barcelona

RESTAURACIÓN
1990-1991
Christian Cirici, Carles Bassó i Pep Bonet

CAFÈ RESTAURANT

Este café-restaurante fue un encargo del Ayuntamiento de Barcelona para la Exposición Universal de Barcelona de 1888. El edificio debía tener carácter permanente, no como el resto de pabellones de la exposición, que eran temporales. Agradó mucho a la Comisión Ejecutiva que gestionaba la Exposición Universal, porque presentaba soluciones de construcción y acabados decorativos originales (reinterpretando estilos artísticos peninsulares), como buena construcción moderna.

Por los aires medievales que presentaba el edificio, recibió el nombre de El Castillo de los Tres Dragones, una referencia a una conocida comedia escrita por Serafí Pitarra (Frederic Soler) unos años antes. El proyecto se realizó en muy poco tiempo y las obras empezaron inmediatamente después pero, debido a una serie de problemas durante la construcción, no se terminó, especialmente los acabados ornamentales. Domènech prefirió renunciar al encargo antes que entregar la obra al arrendatario y ver cómo intervenía en ella a su guisa. La continuación de las obras se encargó a Josep Forteza, que hasta entonces había sido arquitecto ayudante.

El edificio, exento, es de forma rectangular y está flanqueado por torres de planta cuadrada en las esquinas. Dos de ellas evolucionan hacia una forma poligonal, y la del homenaje se remata mediante un coronamiento en forja y vidrio. En la planta baja hay una prolongación con dos grandes arcos rebajados y terraza en la parte superior. El interior es una nave única, dividida en planta baja y planta piso. El aspecto exterior, con los muros realizados en ladrillo visto y rematados con almenas, recuerda a un castillo medieval. Sin embargo, la ingeniosa estructura interior recupera la tradición constructiva mudéjar de los muros de hoja doble, como las torres de Teruel, combinada con los contrafuertes góticos. Las fachadas están construidas con dos hojas de ladrillo muy esbeltas, separadas por un espacio transitable de un metro de ancho, que gracias a las numerosas láminas de unión y a los tirantes metálicos generan un conjunto muy estable con muy poco material. Este sistema abarata y agiliza la construcción, pero supuso una gran osadía que generó dudas en el seno de la comisión de seguimiento de las obras sobre su solidez, incluso se pidieron cálculos para la comprobación estructural de la solución. En el interior, el majestuoso salón del primer piso, de 18 m de altura, está cubierto con unos arcos diafragma, tradicionales en la arquitectura gótica catalana pero que en este caso son de celosía metálica y quedan al descubierto, tal como proponía Viollet-le-Duc.

A pesar de que en los dibujos del proyecto que realizó Domènech el edificio estaba profusamente decorado, finalmente tan solo se realizaron algunas vidrieras, un friso de escudos cerámicos bajo la cornisa y cerámica vidriada en amarillo para las almenas. Y posteriormente se realizó la decoración pictórica de los paramentos y los techos.

Al finalizar la Exposición Universal, el edificio quedó abandonado. El ayuntamiento encargó a Domènech el proyecto de su reconversión en Museo de Historia, que se inauguró en 1892. Más tarde se convertiría en el Museo de Ciencias Naturales, con intervenciones para repintar la extensa decoración policromada de los paramentos y elementos metálicos.

En 1990 se convirtió en el Museo de Zoología y mantuvo su actividad hasta 2011.

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Cronograma

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